EL RENACIMIENTO (Parte 3 de 3)

Por José Luna

Leonardo y yo salimos a la calle dejando atrás el cascarón, no como polluelos porque ya estamos grandecitos, pero sí con todo el fervor de quien se encamina a su renacimiento.

Descendiendo por la calle de Umarán nos cruzamos con otros humanos que, cuando van solos, se mueven como robots tras la mascarilla que ha clausurado la sonrisa y borra su identidad. No hay saludos ni con sana distancia porque nos movemos entre desconocidos.

En tres minutos llegamos a Hernández Macías 91. Al trasponer el umbral del nuevo hogar de Mama Mía, es evidente que la vida escapada de Umarán 8 se vino a refugiar aquí.

Cuando recorrí esta casona por primera vez me invadió un extraño sentimiento, mezcla de curiosidad y nostalgia. Aquí alguien soñó mientras sembraba árboles, levantaba muros y criaba una familia. Aquí se celebraron bodas, nacimientos y funerales. Aquí hubo algarabía de niños correteándo en sus patios y ancianos relatando historias. Al paso del tiempo sus fundadores volvieron a la tierra y sus descendientes emigraron, algunos permanecieron aquí y la vieja casona fue parcialmene abandonada. Con frecuencia estas mansiones siguen el mismo destino que sus fundadores: se desmoronan lentamente y terminan convertidas en polvo. Por fortuna este no ha sido el caso, sus propietarios lograron mantenerla en pie. Su primer patio se conserva en buen estado, en el segundo patio y la huerta hay ruinas que nos transportan a un pasado lejano y echan a volar la imaginación.

Tal como hicimos durante la remodelación del primer edificio, nuestra familia se ha involucrado personalmente en el diseño y realización de este nuevo proyecto. Ahora ha tocado el turno a los hijos menores, Leonardo y Darío, de aportar ideas y trabajar en su realización. Ana Valeria y José Bernardo, que apoyaron por años en la creación de Mama Mía, trabajan hoy sacando adelante otros proyectos familiares. Berta, mi trotamundos compañera de viaje y aventuras, aplica sus conocimientos de arquitectura para dirigir a un equipo de restauradores, técnicos y artesanos que han trabajando con ahínco durante un año para revivir esta casa. Si fuera un organismo vivo diríamos que ha sido necesario hacerle trasplantes a su aparato digestivo, sistemas nervioso y circulatorio y rejuvenecer su piel. Ahora, esta Bella Durmiente de adobe y piedra despertará con un beso que no vendrá de un príncipe azul sino de toda la gran familia Mama Mía

Volverán las noches de bohemia, el sonido armonioso de metales, cuerdas y tambores, el tintinear de copas, las risas, las animadas conversaciones frente a una copa de café o vino, los felices encuentros y los sabores y aromas de la buena comida.

Aspiramos a ser un oasis en medio de nuestra bella ciudad.

Hasta pronto.

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