Historia de Mama Mía

A veces, cuando me siento en la barra de la entrada de Mama Mía, muchos jóvenes me saludan con afecto, casi todos menores de treinta años, la mayoría me parecen desconocidos pero sé que hace dos o tres décadas venían a Mama Mía de la mano de sus padres, ahora son adultos, tienen pareja y tarjeta de crédito. En sus vidas habrán ocurrido muchos cambios pero nosotros estamos aquí todavía, es siempre un agradable encuentro.

Mama Mía cumple ahora cuarenta años, que se fueron en un suspiro. Aquí vimos crecer a nuestros hijos y a los de nuestros amigos. Aquí se han celebrado múltiples cumpleaños, bodas y aniversarios diversos. Nuestra mayor satisfacción es ver a tanta gente feliz.

Berta y yo llegamos a San Miguel en junio de 1975 con la intención de dedicarnos, ella a pintar y yo a escribir Para generar ingresos que soportaran nuestras aficiones, traspasamos un pequeño restaurante que se llamaba Adriano’s, con seis mesas. Nunca habíamos sido restauranteros pero teníamos amplia experiencia en la degustación de platillos. Cuando hicimos el traspaso nos dijeron que lo único bueno ahí era el chef, así que aceptamos. Nosotros seríamos meseros, aunque no sabíamos por cual lado se servían las bebidas o los alimentos, intuíamos que lo más importante era ser amables, hacer sentir bien a nuestros clientes. El primer día esperamos con emoción a nuestros comensales, llegó uno y yo lo atendí. Ordenó una carne asada con ensalada, tomé la orden y la pasé al “chef”, quien minutos más tarde me entregó algo parecido a una suela de zapato con una rebanada de jitomate del día anterior, le dije que no podía llevar eso a la mesa y le pedí que preparara otro, Berta obsequió una copa de vino al cliente mientras le explicaba que teníamos un pequeño problema en la cocina, la segunda orden no fue mejor que la primera, se la regalamos a nuestro desafortunado visitante y le contamos la verdad: él era nuestro primer cliente, el chef servía para nada y nosotros teníamos que aprender. Despedimos al “chef” y le mandamos un desesperado SOS a nuestro amigo Paul Schatz, excelente cocinero quien vino de San Diego, California a darnos un curso intensivo en comida italiana. A partir de ese momento Berta y yo alternábamos como cocineros y meseros. Un día llegaron unos clientes que celebraban un cumpleaños, querían música en vivo y Berta sugirió que yo les cantara unas canciones, fui por mi guitarra y pasé el resto de la velada cantando. A partir de ese momento ascendí de mesero a artista. Contratamos a Octavio Tovar, excelente trovador, y formamos un dueto que por varios años amenizó la cena de nuestros visitantes, iniciando así la tradición de música en vivo en Mama Mía, que perdura hasta hoy.

Actualmente laboran en Mama Mía más de cien personas, aparte de los músicos, nos seguimos divirtiendo como en un principio, pero la competencia nos ha obligado a ser más profesionales. El éxito económico llegó por accidente, como una consecuencia del placer que nos proporciona atender a nuestros visitantes. Las seis mesas originales se han convertido en cuatro bares y un patio comedor, atendemos simultáneamente a cientos de comensales.

Son muchas las personas que, a lo largo de estos treinta años, han colaborado para que Mama Mía sea toda una institución en San Miguel de Allende. Entre ellos están: Anabella Martínez, quien lo manejó varias veces cuando salíamos de vacaciones, Ana Valeria Clares, gerente por unos años, José Bernardo Luna y Dora Gonzales, Pancho “El Gas”, cuya colaboración fue muy importante al abrir el “Mama’s Bar”, Hugo Castro, Enrique Galván y Agustín Avecia, quien nos protegieron cuando nuestro éxito amenazó intereses establecidos en la localidad, Eduardo Rincón Gallardo, cuya colaboración fue definitiva para conseguir nuestra licencia de centro nocturno y todos los músicos que, con su talento, han generado una corriente de fieles asistentes a Mama Mía. Desde el año 2000, Mary Pueblo lo maneja como gerente General y, con su gran sonrisa y habilidad en las relaciones humanas, ha formado un excelente equipo de colaboradores que trabajan en armonía. Últimamente se han unido al equipo nuestros hijos menores, Leonardo y Darío. Gracias a todos los clientes que nos han favorecido con su fidelidad y a tantos colaboradores que, con su esfuerzo han contribuido a nuestro éxito.

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                          José Luna